No pudo ser. Una sorprendente España con técnica y mucha posesión terminó doblegando a una selección argentina que pasó definitivamente a la historia. Porque frente a la superioridad del rival tanto táctica como física antepuso su enorme corazón, para hacerle saber a los españoles que no éramos la Francia del papelón de semifinales, que se entregó sin luchar.
Llegamos como en Italia '90, entre algodones, lesionados, un día menos de descanso y muchos partidos tremendamente desgastantes sobre el lomo. A eso agregale el buen trabajo psicológico previo sobre el árbitro para que fuera duro con los nuestros y laxos con los rivales, las lesiones de Licha y el Cuti (como Ruggeri en el ´90) y ya tenemos el combo perfecto para la remake de la final del mundial italiano.
Entre tanta entrega conmovedora se destacaron un colosal Dibu Martínez , un emocionante Tagliafico con una actuación épica y en menor medida un incansable Giuliano Simeone que hizo honor a la sangre guerrera de su padre.
Con 10 jugadores y el agotamiento que casi impedía levantar las piernas, en los últimos minutos del alargue tuvimos tres situaciones de gol, dos de ellas clarísimas. Pero no pudo ser, España se quedó con la copa y estuvo bien.
Ahora empieza en lo futbolístico la era post Messi , irreemplazable en corto plazo pero que nos deja un legado maravilloso que excede lo estrictamente futbolístico.
También es el último mundial de otros referentes de la Scaloneta como Otamendi o el propio Tagliafico . Estos muchachos nos dejan 1 mundial, 2 copas América, 1 Finalíssima y una victoria en semifinales sobre la pérfida Albion que nos llenó el alma.
Vendrán nuevos nombres, con mayor o menor talento, pero con el mismo bravo corazón, porque a los argentinos en lo que nunca podrán superarnos será en amor a la camiseta y a nuestra tierra .