Ante el campeonato alcanzado por el Nápoli en la liga italiana, el Papa se reunió en fecha 27/05/25 con el Presidente del club (Aurelio De Laurentiis) y varios jugadores del equipo.
En esa oportunidad,
el Sumo Pontífice expresó que ganar el campeonato es una meta que se alcanza al
final de un largo camino, siendo el fruto de un trabajo en equipo. Destacó: “El
campeonato lo gana el equipo, y cuando digo ‘equipo’ me refiero tanto a los
jugadores como al entrenador con todo el equipo técnico y la sociedad
deportiva… el talento de cada uno se pone al servicio del conjunto”.
En otra ocasión, a
los ciclistas del Giro de Italia que pasaron por la Ciudad del Vaticano (una
competencia de ciclismo que se desarrolla principalmente en Italia con un
recorrido de 3.443 kilómetros) les dijo que son un ejemplo a seguir para los
jóvenes de todo el mundo. Allí expresó que “el ciclismo es fundamental, al
igual que el deporte en general”, esperando que, así como han aprendido a
cuidar su cuerpo, siempre estén atentos a la totalidad del ser humano: cuerpo,
mente, corazón y espíritu (01/06/25).
Luego, en el marco
del Jubileo del Deporte (15/06/25), el Romano Pontífice apuntó que en una
sociedad marcada por la soledad, el deporte -especialmente cuando se practica
en equipo— enseña el valor de la colaboración; en una sociedad cada vez más
digital, el deporte valora la concreción de estar juntos, el sentido del
cuerpo, del espacio, del esfuerzo, del tiempo real; y en una sociedad
competitiva, el deporte también enseña a perder, poniendo a prueba al hombre,
en el arte de la derrota.
La vida sencilla y
luminosa de Pier Giorgio Frassati, patrono de los deportistas, nos recuerda
que, así como nadie nace campeón, tampoco nadie nace santo. Es el entrenamiento
diario del amor lo que nos acerca a la victoria definitiva (cf. Rm 5,3-5) (15/06/25).
Finalmente, el Papa
nos exhorta a vivir la actividad deportiva, incluso a nivel competitivo,
siempre con espíritu de gratuidad y con espíritu “lúdico”, subrayando que el
deporte es un camino para construir la paz, porque es una escuela de respeto y
lealtad, que hace crecer la cultura del encuentro y la fraternidad.
La música, un
puente que nos lleva a Dios
El Romano Pontífice
ha expresado que las grandes civilizaciones nos han regalado la música para que
podamos manifestar lo que llevamos en lo profundo de nuestro corazón y que no
siempre pueden expresar las palabras (23/11/25).
La música nace de
la vida cotidiana, acompaña nuestros viajes, nuestros recuerdos y nuestras
luchas: es un diario compartido, que preserva los sentimientos de todos: la
nostalgia, el anhelo, la anticipación, la pérdida, el renacimiento, contando
nuestro viaje con sencillez y, al mismo tiempo, profundidad (13/12/25).
Enseña el Papa que
la música es como un puente que nos lleva a Dios, capaz de transmitir
sentimientos y emociones, transformándolas en una escalera imaginaria que
conecta la tierra con el cielo. Subraya: “¡Sí, la música puede elevar nuestras
almas! No porque nos distraiga de nuestras miserias, porque nos aturda o nos
haga olvidar los problemas o las situaciones difíciles de la vida, sino porque
nos recuerda que somos más que eso: somos mucho más que nuestros problemas y
nuestras dificultades; ¡somos hijos amados de Dios!” (06/12/25).
Aunque este camino
en ocasiones está lleno de dificultades y de pruebas, y los momentos de alegría
se alternan con otros de mayor fatiga, el canto hace más ligero el viaje, dando
alivio y consuelo (23/11/25).
El Papa nos invita
a que estemos listos para escuchar el canto de amor de Dios, que es Jesucristo.
Sí -resalta- Jesús es el canto de amor de Dios por la humanidad. ¡Escuchemos
este canto! Aprendémoslo bien, para que también podamos cantarlo con nuestra vida
(06/12/25).
El canto, de manera
particular, representa una expresión natural y completa del ser humano; en él
la mente, los sentimientos, el cuerpo y el alma se unen para comunicar las
cosas grandes de la vida (23/11/25).
En el Jubileo de
los coros, el Papa ha expresado que las diferentes voces de un coro se
armonizan entre ellas dando vida a una única alabanza, símbolo luminoso de la
Iglesia, que une a todos en el amor, en una única y suave melodía (23/11/25).
La música siempre
ha desempeñado un papel importante en la experiencia cristiana. En la liturgia,
en particular, el canto nunca es una "banda sonora", un simple fondo,
sino que busca elevar el alma y acercarla lo más posible al misterio que se celebra
(05/12/25).
El coro que
desarrolla su actividad en el servicio litúrgico, exige preparación, fidelidad,
entendimiento mutuo y, sobre todo, una vida espiritual profunda, de modo que
-concluye el Papa- “si ustedes rezan cantando, ayuden a todos a rezar”
(23/11/25).
El cine, una
encrucijada de deseos, recuerdos y preguntas
Afirma el Papa que
hoy vivimos con pantallas digitales siempre encendidas y que el flujo de
información es constante.
Pero el cine es
mucho más que una simple pantalla: es una encrucijada de deseos, recuerdos y
preguntas. Es una búsqueda sensible donde la luz atraviesa la oscuridad y las
palabras se encuentran con el silencio. En el desarrollo de la trama, la mirada
se educa, la imaginación se expande e incluso el dolor puede encontrar sentido
(15/11/25).
En el encuentro con
el mundo del cine, el Romano Pontífice señala: “no todo tiene que ser inmediato
ni predecible: defendamos la lentitud cuando sea necesaria, el silencio cuando
hable, la diferencia cuando provoque”.
En efecto, el cine,
cuando es auténtico, nombra las preguntas que habitan en nuestro interior y, a
veces, incluso las lágrimas que no sabíamos que necesitábamos expresar.
Queridos maestros, antiguos y nuevos -dice el Papa- “hagan del cine un arte del
Espíritu” (15/11/25).
Observa León XIV
que hacer una película es un esfuerzo colectivo, una labor coral en la que
nadie está solo: “Todos reconocen y aprecian la maestría del director y el
talento de los actores, pero un proyecto sería imposible sin la dedicación
silenciosa de cientos de otros profesionales: asistentes, auxiliares de producción, encargados de
utilería… directores de casting… guionistas, editores… productores…”, cada voz,
cada gesto, cada habilidad contribuye a una obra que solo puede existir como un
todo (15/11/25).
Finalmente, nos
deja con este profundo anhelo: “Que tu cine siga siendo siempre un punto de
encuentro, un hogar para quienes buscan sentido, un lenguaje de paz. Que nunca
pierda su capacidad de asombrar, mostrándonos aunque sea un pequeño fragmento
del misterio de Dios (15/11/25).
Palabras finales
Hasta aquí llegamos
con nuestro sexto y último artículo, donde hemos querido recordar la visión del
Papa León XIV sobre el deporte, camino para construir la paz y la cultura del
encuentro; la música, puente que nos conduce a Dios; y el cine que nos muestra
un pequeño fragmento del misterio divino.
Síntesis
conclusiva
Hemos ofrecido al
lector de Portal de Prensa un ciclo de seis artículos, que constituyen una
primera aproximación al magisterio social del Papa León XIV -breve, queda mucho
por descubrir-, quien en sus primeros ocho meses de Pontificado, nos ha dejado
magníficas lecciones para la edificación de la civilización del amor.
El mensaje del Sumo
Pontífice, en línea de continuidad con sus predecesores, anima y actualiza la
Doctrina Social de la Iglesia que, con sus principios de reflexión, criterios
de juicio y orientaciones para la acción, no busca otra cosa que un desarrollo
humano integral y solidario.
Como hemos visto,
la centralidad del misterio de Cristo opera no sólo en la vida personal, sino
también en la vida social, siendo posible ocuparse de las actuales cuestiones
culturales y sociales para ordenarlas según Dios.
El testimonio de
los santos (Pier Giorgio Frassati, Carlo Acutis, John Henry Newman y Enrique
Shaw) configura una invitación a no malgastar la vida, a orientarla hacia lo
alto y hacer de ella una obra maestra; cada uno tiene una misión propia y puede
ser santo allí en el lugar donde Dios lo ha puesto.