En 1845 se desató plenamente una feroz hambruna en Irlanda debido a una plaga conocida como tizón tardío y que como consecuencia de una serie desafortunada de factores implicó la muerte de alrededor de un millón de personas y la emigración de una cantidad similar del pequeño país. Si bien ya en 1840 la plaga se abatió sobre Europa, fue en Irlanda donde sus consecuencias fueron más dramáticas aún.
En los siglos XVII y XVIII a los católicos irlandeses les había sido prohibido por las leyes penales comprar, heredar o arrendar tierras, votar, ocupar cargos políticos, vivir en o dentro de 5 millas de una ciudad, y desde la obtención de la educación hasta obtener una profesión. Los católicos, la mayor parte de los cuales vivían en condiciones de pobreza extrema, componían más del 80 % de la población.
Los conquistadores ingleses eran dueños de las tierras y podían desalojar a sus inquilinos cuando quisieran por razones tales como la falta de pago de rentas (que eran altas) o la decisión de un propietario de criar ovejas en lugar de los cultivos de cereales. El gusto inglés por la carne bovina llevaría a que cada vez las parcelas de tierra agrícola fueran más pequeñas y eso llevó a los famélicos irlandeses a cultivar la papa, que aguantaba el frío y llenaba el estómago.
Mientras las vacas, las ovejas y los cereales quedaban para la aristocracia británica. Para colmo de males, la papa irlandesa era de un solo tipo, muy vulnerable al hongo, lo que hizo que el desastre fuera más grande. Y como gota que rebalsa el vaso, los ingleses siguiendo las ideas de Adam Smith - laissez faire, libre mercado, etc - y las de Thomas Malthus, suprimieron todo tipo de ayuda social por lo que la gente empezó a morir de hambre y de las pestes que generaban los cadáveres que se amontonaban por cientos en todos lados.
En este contexto de desastre muchos irlandeses fueron seducidos por la propuesta norteamericana de sumarse a las filas de sus fuerzas armadas. Les prometían la posibilidad de obtener la ciudadanía y una paga con la cual vivir sin el fantasma del hambre. Pero al llegar la realidad fue otra: castigos brutales, humillación constante por ser católicos en un ejército protestante, golpes, burlas, insultos, trabajos hasta la extenuación, xenofobia.
La conquista de gran parte del territorio mexicano le hizo recordar a los usurpadores ingleses tomando su país natal. Veían pueblos arrasados, iglesias profanadas, civiles asesinados. La guerra contra México dejó de parecerles justa y decidieron obedecer a su conciencia. Desertaron, cruzaron la frontera y se unieron al ejército mexicano. Los comandaba el sargento John Riley. Los mexicanos lo ascendieron a teniente y formaron el Batallón de San Patricio .
De todas partes de USA llegaban los irlandeses a combatir por el país que les abría sus puertas, los trataba con dignidad y tenía la misma fe que ellos. Pelearon en Matamoros, Monterrey, Buenavista, Cerro Gordo y Churubusco con una ferocidad que sorprendió a todos. Defendieron posiciones clave.Resistieron hasta quedarse sin municiones. Sabían que, si eran capturados, no habría perdón. Con la guerra casi perdida, los que quedaban optaron por no huir y fueron capturados. Muchos fueron ahorcados, otros como Riley fueron marcados en la cara con la D candente de desertor.
USA trató de denigrarlos, hablando de borrachos y traidores. Había que hacer olvidar su historia, no vaya a ser que tuviera un efecto contagioso . Entre los San Patricio había también polacos, alemanes y hombres de toda Europa.
México perdió la guerra pero honró a esos hombres. Su mensaje era demasiado poderoso como para que se perdiera en las brumas de la historia.
Cada 17 de Marzo (día de San Patricio) y cada 12 de Septiembre se realizan conciertos en su honor. Tienen placas, calles y una película muy bonita encontrable en You Tube. Para su patria adoptiva son héroes. Como lo es el Almirante William Brown para Argentina.
Otros irlandeses, los del grupo Wolfe Tones le rinden un tributo con una hermosa canción que termina repitiendo en español, "Las Islas Malvinas argentinas"
Los San Patricio - al igual que nuestros veteranos de Malvinas - nos recuerdan que siempre, aunque el dinero o la comodidad nos tienten, la mejor opción es ser fieles a la propia conciencia, más cuando está formada en el amor a Dios, a la Iglesia y a la patria terrenal.