En aquella ocasión, el Papa Francisco convocó al Año Jubilar mediante la bula Spes non confundit (La esperanza no defrauda, Rm 5,5), bajo el lema “Peregrinos de Esperanza”, para que este tiempo fuera para todos un encuentro vivo y personal con el Señor Jesús . Fue un año de gracia, una oportunidad para experimentar profundamente el amor y el perdón de Dios.
Entre las diversas celebraciones y acontecimientos vividos durante el Jubileo, estuvo marcada de manera especial la Pascua de nuestro querido Papa Francisco , un hecho que nos invitó aún más a reconocer que Cristo es nuestra esperanza. Sus gestos, sus palabras y su magisterio resonaron con fuerza en esos días como un sincero agradecimiento a Dios por su servicio a la Iglesia católica y a todas las personas de buena voluntad que supieron acoger su vida.
Nos tocó despedir a Francisco y, poco tiempo después, recibir con esperanza al Papa León XIV . “La paz esté con ustedes ” fueron sus primeras palabras dirigidas al mundo entero. No fue un saludo casual: es la misma frase que Jesús pronunció al encontrarse con sus discípulos tras la Resurrección, y la Resurrección es el mayor signo de nuestra esperanza.
El Papa León, en continuidad con el camino iniciado por el Papa Francisco, nos siguió invitando a ser peregrinos de esperanza. Del 28 de julio al 3 de agosto se realizó el jubileo de Jóvenes en la ciudad de Roma, una cita que convocó a un millón de jóvenes de todas partes del mundo y en la que me tocó participar junto a mi esposa. Fueron días de profunda experiencia de una iglesia sinodal y universal.
Concluye así un nuevo Año Jubilar, centrado en la esperanza, pero con la mirada puesta en el 2033, cuando celebraremos los 2000 años de la Resurrección de Jesús , con un nuevo Jubileo y la apertura de las Puertas Santas, signo del Padre misericordioso que invita a todos a volver a casa.